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La displasia de cadera en los perros

Correr ya no es divertido y los dolores hacen que el perro aúlle. La displasia de cadera es una malformación hereditaria en la articulación. Aunque no congénita, sí es degenerativa.

La cadera es la articulación que une el fémur con el hueso de la pelvis. En los perros con displasia, el fémur no tiene un buen recubrimiento y baila, lo que acaba inflamando y debilitando la cadera, explica Udo Kopernik, de la Asociación Canina Alemana.

Durante el crecimiento del perro, la cadera se va desplazando hacia los laterales, ya sea de manera ligera o excesiva, y esto impide un movimiento correcto.

Además de dolor, el perro sufre cojera y solo puede hacer con dificultad actividades comunes como sentarse o subir escaleras, explica Catrina Mühlhausen, de la Federación Alemana de Protección Animal.

Pero esto es el caso extremo. «La displasia en sí no es la que genera los dolores del perro», dice Kopernik. La escasa funcionalidad hace trabajar de forma desigual a la cadera, cargándola. «Y esto porduce una artrósis muy dolorosa», indica Kopernik.

En la mayoría de los casos, la displasia de cadera aparece a una edad de entre ocho y 12 meses. Las patas traseras del perro se ven débiles, describe Roderich Sondermann.

Es veterinario en Berlín y miembro de la Asociación Profesional de Educadores de Perros y Consejeros de Comportamiento. Algunas veces se puede oir un crujido en la articulación.

La displasia se puede apreciar en una radiografía. Mühlhausen describe el grupo de mayor riesgo en los perros como el de los animales «grandes, pesados y de desarrollo rápido».

Candidatos típicos son los dogos, los setter, los boyero de Berna, los pastoees alemanes, así como los golden retriever y los rottweiler.

La displasia de cadera aparece tanto en perros de raza como en mestizos, indica Kopernik. Tampoco hay diferencia entre sexos.

La displasia está condicionada genéticamente, pero también influyen factores exteriores en su desarrollo, como por ejemplo la cantidad de comida que recibe el perro y la composición.

Determinados patrones de movimiento y carga pueden influir también en esta dolencia de cadera, dice Thomas Steidl, de la Cámara de Veterinarios, en Berlín.

La grupa inclinada que se busca en los pastores alemanes en los concursos de belleza favorece, según estudios, la displasia de cadera.

El objetivo en la cría debería por ello ser tener perros con una espalda recta, indica Mühlhausen. Si se juntan para criar animales que portan los genes de la displasia, esta será mucho más probable en los descendientes, explica Steidl.

Por ello, los defensores de los derechos de los alemanes piden que solo se críe a animales que carecen del gen de la displasia.

«Quien compre un cachorro deberá informarse sobre los padres, pero también sobre los abuelos y bisabuelos», confirma Sondermann. Así se minimiza el riesgo de tener un perro que desarrolle la enfermedad.

La displasia no tiene cura. «Pero existen posibilidades de terapia que permitirán al animal vivir bastante tiempo sin molestias», dice Sondermann.

La más común y más exitosa en casos de displasia leve es la administración de antiinflamatorios que también retrasen el desarrollo de la atrosis y reduzcan los dolores.

Durante la cría de los cachorros y durante el crecimiento es importante tomar las precauciones para evitar factores adicionales que favorezcan el desarrollo y la agudización de la displasia.

Los expertos recomiendan una alimentación equilibrada para evitar la obesidad, ya que los animales delgados tienen problemas de displasia con menos frecuencia. También piden precaución con el deporte que hacen los animales.

En casos severos, la intervención quirúrgica puede ayudar. «Esta puede llegar hasta la implantación de una cadera artificial. Es una solución cara, pero que da resultados a largo plazo», dice Sondermann.

Los implantes de oro son no obstante controvertidos. «Solo contribuyen en último término a paliar el dolor, no a una curación», explica Sondermann.

«Las alternativas de tratamiento que existen debe hablarse con el veterinario una vez el perro ha sido diagnosticado con displasia», señala el experto.

La displasia de cadera se da también en gatos, sobre todo en los maine coon. Y también las personas pueden sufrirla.

Fuente: http://www.abc.com.py