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La educación del Shih-Tzu

 
Fotografía cortesía de: Maite Rodríguez Photography
 

 

S
e acostumbra a incluir a los shi-tzu en el grupo de perros de recreo o de compañía, pero en realidad, todos los perros son de compañía, aunque no todos pueden vivir constantemente en la casa.

El shih-tzu disfruta del “privilegio” de haber podido compartir durante siglos la vivienda y la vida del ser humano, tanto en el Tibet como en China o Europa.

Para que pueda integrarse bien en el medio doméstico es indispensable, no obstante, dar al shih-tzu una buena educación. La historia de la raza y sus relaciones con el hombre han estimulado de manera natural la gran sociabilidad que posee.

Especialmente en el pasado, la selección de esta magnífica raza atendía más al carácter y a la salud, que a las características morfológicas de estos amigos peludos. En otras palabras: es probable que los ejemplares más sanos y más equilibrados, los que mejor se adaptaban a la vida con el hombre, hayan sido los que se destinaran preferentemente a la reproducción, obteniendo así ejemplares dotados de un carácter similar y dando lugar a una raza generalmente amable y sociable con todo el mundo, tanto con otros animales, como con personas.

Cuando el shih-tzu tiene que vivir en un piso, debe enfrentarse habitualmente a situaciones relativamente complicadas. A menudo no tiene un espacio individual, ni de la compañía de sus congéneres. Está sometido, por tanto, a un estrés psicológico permanente o, para ser mas precisos, a una estimulación excesiva debido a la presencia en la familia de personas con exigencias y comportamientos que nada tienen que ver con él.

Y es fácil pensar que estas actitudes dispares, incoherentes, siembran la incertidumbre en el espíritu del perro. El principio básico de una buena educación pasa por una palabra: coherencia. Si bien, es difícil ver siempre al ser humano demostrar constancia en sus pensamientos y su comportamiento.

Podremos imaginar fácilmente, por ejemplo, cómo pueden ponerse las cosas cuando todos los miembros de la familia quieren intervenir en la educación del perro. Por ejemplo, supongamos que no queremos que el perro pida comida cuando toda la familia está sentada en la mesa comiendo, será necesario que todo el mundo se ponga de acuerdo para no darle ni el mas mínimo bocado.

Si todos respetan esa regla sin dejarse enternecer por los ojos suplicantes del cachorro/perro adulto, este desistirá. En caso contrario, esperará siempre recibir alguna cosa, hasta que alguien acabe por dársela.

Con esta raza, la educación siempre debe plantearse como un juego, ya que los métodos coercitivos dan resultados negativos. En gran parte, la raza ya viene “educada” de nacimiento, por lo dicho anteriormente, pues en su lugar de origen, en oriente, se le concedía mayor importancia al carácter que al físico de este animal, por lo que la gran mayoría posee uno de los caracteres mas equilibrados del mundo canino.

Konrad Lorenz, un gran especialista en etología, ha sabido describir acertadamente la manera en la que el perro percibe las palabras. “Suele pensarse, escribe, y erróneamente, que los perros no comprenden el sentido de una palabra mas que por el tono de la voz”. Pero las experiencias realizadas con tres pastores alemanes, por Sarris, célebre especialista de la psicología animal, han demostrado lo contrario de manera irrefutable.

Según Sarris, los perros inteligentes son capaces de comprender no sólo el significado de las palabras, sino también de frases enteras.

 



fuente

Te Quiero Perro

Editor de Noticias de Te Quiero Perro, "Dame una caricia y te seguire hasta el fin del mundo". Mi Perro.

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